Cómo sobrevivir a los conflictos familiares propios de la Navidad

Laura Sánchez, Filóloga

Las Navidades se van acercando y ya te vas poniendo en guardia ante la que te espera. No encuentras consuelo en el alumbrado navideño ni en los mensajes que te mandan los medios para que disfrutes estas fiestas de un ambiente de paz, solidaridad y amor. La imagen idílica de la familia reunida en torno a la mesa repartiendo besos, sonrisas y regalos y ese familiar que siempre vuelve a casa por Navidad pertenece a la ficción televisiva, porque la realidad de cada hogar es bastante diferente. Pero este año vas a intentar que nadie te amargue las fiestas.

Alcohol y familia, un cóctel explosivo

Las reuniones familiares en Navidad suelen acabar en tremendas discusiones que te dejan con un sentimiento de culpabilidad porque no sabes cómo disfrutar de tu propia familia. Y es que el alcohol, que suele sobrar en las mesas de cada hogar, crea el ambiente perfecto para sacar a la luz todas esas rencillas familiares.

Las indirectas que te lanza tu hermano o esos episodios humillantes que siempre saca a relucir tu padre, tienen un origen común que es el alcohol. Afronta esta situación con madurez y pon una cierta distancia emocional sin perder de vista que hay que quererlos tal y como son.

La cena de Nochebuena se tolera mejor si te sientas a la mesa con la certeza de sólo va a durar unas cuantas horas. Así que aleja de ti esos pensamientos negativos y no entres en las discusiones que se generen sobre política o sobre la situación económica actual. Si los demás quieren perder los papeles, que lo hagan, pero tu sigue sonriendo disfrutando de los manjares que ha preparado tu madre.

Es muy frecuente que en todas las familias haya un blanco que recibe todas las críticas, ya sea por su carácter o por su forma de vida. Si ese es tu caso, es hora de que asumas tu papel como centro de atención familiar, pero no sufras por las críticas. Sabes que no tienen derecho a hablar de ti, pero probablemente su vida es tan aburrida que tienen que centrarse en la tuya. Así que no se te ocurra dar ninguna explicación, asiente con la cabeza mientras sonríes, porque si notan que no te afecta se aburrirán enseguida y pasarán a otra cosa.

En tu casa o en la mía

Una de las grandes perjudicadas de las fiestas navideñas es tu relación de pareja, que ha de enfrentarse continuamente a duras pruebas de estabilidad. El problema suele comenzar un poco antes de la Navidad, cuando hay que decidir dónde se van a pasar las fiestas. Si no tenéis establecido un programa de visitas alternas cada año, lo más lógico es que vayáis a aquella casa que tenga más necesidad de compañía. Olvídate de si tu suegra te mira mal porque no sabes cocinar o porque aún no tenéis niños, que te mire como quiera porque lo que cuenta es que a tu pareja y a ti os guste vuestra vida.

También tienes que asumir tu parte de responsabilidad en esas broncas familiares porque estás colaborando a mantener una tradición que no os gusta a ninguno. Así que deja de preocuparte por agradar continuamente a los demás y, si no eres capaz de disfrutar las Navidades en familia, escápate con tu pareja a algún hotel romántico.

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